Ikebana: filosofía y flores.

En aquellos hogares japoneses donde aún perviven las antiguas costumbres existe un pequeño espacio privilegiado, casi sagrado, donde varios elementos se disponen estratégicamente para reflejar el buen gusto de la familia y dar la bienvenida a los invitados.

En este modesto altar donde suele haber un pergamino con una caligrafía o pintura, también es posible encontrar una figura de Buda o incluso un pedazo de roca cuidadosamente seleccionado, pero lo que nunca falta es una pequeña decoración floral, sencilla pero cargada de significado, un ikebana.

Este espacio, denominado Tokonoma, suele ser el estereotipo con el que se identifican los estilos decorativos tipo Zen.

Hoy, el Ikebana es un arte que ha traspasado los umbrales de los templos y de los altares domésticos japoneses llegando a Occidente, donde se ha hecho popular no sólo por las revistas de decoración sino gracias a los valores e ideales que subyacen bajo la práctica de este arte que es, a la vez, una disciplina estética y espiritual.

Fundamentos filosóficos

En todas las culturas las flores siempre han tenido significados especiales, a menudo diferentes. Japón no es una excepción ya que es un país con millares de especies de flores autóctonas y donde existe un código propio para expresarse mediante ellas, el Hanakotoba.

Pero lo que hace especial al Ikebana, no es la diferencia de significado que pueda tener una flor concreta, sino los conceptos filosóficos que representan sus arreglos florales.

Etimología

Ikebana es el ka-do traducido como “la disciplina, el método o el camino de las flores”. Un método de aprendizaje cuya finalidad no es sólo aprender a decorar con flores, sino interiorizar ciertos conceptos derivados del budismo zen muy arraigados en la cultura japonesa como son la impermanencia de las cosas y el respeto a la naturaleza.

El sentido del Ikebana, el camino de las flores.

Cada arreglo floral de Ikebana es concebido para existir en un lugar y momento concreto, nace con vocación de ser efímero e irrepetible y es ahí donde reside su principal belleza.

El empleo de los espacios vacíos, denominados «ku», es una característica compartida con la pintura china debido a la raíces taoístas de ambas disciplinas.

El artista de Ikebana (ikebanaka) sabe que cada obra que realiza está destinada a marchitarse, a ser fugaz. Por ello mientras manipula flores y hojas, reflexiona acerca del inexorable paso del tiempo y de la belleza que se destila de la transitoriedad. Admira la cualidad innata que permanece en las flores y que se expresa de diferente manera en cada estación del año. Ikebana es por tanto, mucho más que un entretenimiento, es una alternativa o complemento a la meditación.

Orígenes

Cada trabajo de ikebana es como un poema sin palabras que el artista expresa a través del simbolismo de cada flor, pero que también contiene una representación del universo desde el punto de vista del Zen.

Esto es así porque el Ikebana nació como una reglamentación de las ofrendas florales que se realizaban en los altares budistas japoneses desde el siglo VII d.C. Según se cree, un monje descontento con la falta de criterio y orden en que se hacían estas ofrendas, comenzó a realizarlas siempre del mismo modo, colocando las flores mirando hacia arriba y en grupos de tres para simbolizar: Cielo, Humanidad y Tierra.

De esta manera quedaron sentadas las bases del Ikebana que todas las escuelas que surgieron posteriormente respetaron, a pesar de las reglas más precisas y complicadas que añadió cada una.

Principios estéticos

Visto por encima el significado filosófico y espiritual, la fórmula del Ikebana se completa con el ingrediente estético. Y es que los cánones estéticos japoneses son muy diferentes del resto.

Según estos ideales, la belleza se encuentra no sólo en la temporalidad sino en la imperfección y la asimetría. Además, se prefiere el minimalismo y la simplicidad a lo excesivo o complejo. Un claro ejemplo son los jardines secos (o Zen) que son bellos gracias a su irregularidad, falta de simetría y grandes espacios vacíos.

En el Ikebana, se valoran las imperfecciones, las formas retorcidas y los tallos que adoptan formas caprichosas.  Se busca simplicidad y vacíos, haciendo valer la máxima de que la  perfección no se alcanza cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.

Reglas del Ikebana

Así pues las reglas del Ikebana buscan lograr armonía y equilibrio entre estos principios estéticos y los conceptos que expresan, estableciendo para ello preceptos en la disposición de las líneas, el ritmo o el color.

Cada escuela de Ikebana desarrolla sus propias reglas pero como norma general se pueden citar las siguientes:

  • El Ikebana es una composición lineal. Los tallos se deben disponer en líneas fluidas.
  • Todo arreglo consta de tres zonas básicas: El Cielo, representado por el tallo más alto; La Tierra, el elemento más bajo y la Humanidad en el medio, dependiente del Cielo y de la Tierra.
  • Las tres zonas se deben disponer en triángulo. Este triángulo se aprecia mejor cuando se observa el trabajo desde arriba.
  • El arreglo se debe preparar para ser contemplado frontalmente y por ello, no debe haber superposición entre los distintos elementos en la vista frontal escogida.
  • Es fundamental la creación de vacíos.
  • Las flores se deben encontrar en número impar, aunque se permite el 2 como representación de la dualidad.
  • Todos los elementos presentes en el arreglo son plantas y flores. En algún caso otro elemento natural, pero nunca artificiales o aquellos que el ser humano utilice para comer (frutas o cereales).

esquema básico de un ikebana

Las escuelas principales también añaden otras zonas secundarias a las principales, tales como “El Pequeño Cielo”  justo por debajo del Cielo o el “Do”, que representa al autor y que nos puede llegar a decir mucho de él.

Además, antes de elaborar un arreglo según el Ikebana, hay otras consideraciones a tener en cuenta más allá de las reglas.

Por ejemplo, la realización del trabajo en el lugar donde se va a exponer, pues no se puede transportar. O la elección del fondo, que preferiblemente ha de ser liso para no distraer la vista del arreglo floral.

En cuanto a los soportes sobre los que se sitúa el Ikebana, estos pueden ser de muchos tipos y van a depender de cada escuela. Las hay que prefieren recipientes bajos mientras que otras utilizan vasijas o jarrones.

Simbolismo

Además de todas estas reglas, hay algunas otras de las que el artista de Ikebana se vale para expresarse. Estas normas unidas al rico lenguaje floral japonés dan posibilidades infinitas a las creaciones.

La flor del cerezo o sakura, profusamente utilizada en Ikebana, es una de las flores con más significado en Japón.

En este lenguaje de símbolos, por ejemplo, las líneas rectas expresan masculinidad y fuerza mientras que las  curvas son sinónimo de lo suave, gentil y femenino.

El paso del tiempo es otro de los conceptos que un Ikebana siempre transmite. Por ello, la elección de las plantas y flores siempre se hace de acuerdo con la estación del año.

El último aspecto a tener en cuenta para entender los arreglos florales del Ikebana, es que éstos están estrechamente unidos a la cultura e historia japonesa, de modo que a veces la forma y el significado de un trabajo tienen que ver con eventos tradicionales.

Así, los días festivos nacionales tienen asignados sus propios arreglos y las celebraciones familiares más íntimas no resultan completas sin su ikebana correspondiente.

Escuelas

No puede hacerse una breve introducción al Ikebana sin mencionar a las escuelas, profesionales y aficionados que han profundizado en el arte pertenecen a de una de ellas.

Para el practicante de ikebana, la elección de una escuela es algo más que una cuestión de estilo, ya que este tipo de escuelas son instituciones en Japón, hasta el punto de ser reconocidas estatalmente y expedir títulos oficiales. Tienen sus propios maestros y sus miembros progresan en ellas según una serie de grados.

Sin ánimo de profundizar solo enumeraré aquí algunas de las más conocidas:

  • Koryu, también conocida como Ko. Se caracteriza por la espontaneidad estilística de sus composiciones.
  • Nageire. Una de sus características suele ser la de una rama larga de la que salen flores situadas en su base. En esta escuela son comunes los recipientes altos y estrechos.
  • Ohara. Fundada a principios del siglo XX por un escultor frustrado, hoy en día es una de las más populares dentro y fuera de Japón. Es la escuela creadora del estilo Moribana, reconocido por ser uno de los menos rígidos que además permite incorporar elementos foráneos en sus composiciones.
  • Rikka. Una de las escuelas más antiguas que se caracteriza por la norma de solamente utilizar siete ramas en sus composiciones, aunque recientemente se ha ampliado a nueve y once.
  • Shoka. Es un perfeccionamiento del arcaico estilo Rikka, de sencillas disposiciones triangulares de tres ramas.
  • Sogetsu. Otra escuela reciente, considerada como la más vanguardista.
  • Zen’ei Ikebana. Mención especial merece este estilo, que rompe con todos los anteriores permitiendo usar elementos artificiales como el plástico o el cristal.

ikebana, el arte floral japones

¿Qué se necesita para hacer Ikebana?

Las herramientas necesarias para arreglos florales de Ikebana no son muy diferentes a las que hacen falta para cualquier trabajo de floristería: unas pequeñas tijeras de podar, un rollo de alambre y cinta aislante de jardinería.

Sin embargo también es cierto que para lograr las formas y disposiciones a veces imposibles del Ikebana hay que valerse de ciertos trucos y de herramientas improvisadas que, en su mayor parte, pueden hacerse en casa, como piedras con agujeros para sujetar tallos, palos con forma de horquilla, etc…

Algunos de estos soportes y herramientas se venden ya hechos por tiendas especializadas en multitud de tamaños y formas como son el Kenzan y el Shippo.

El Kenzan

Este es, sin duda, el utensilio más característico y posiblemente la única pieza clave del Ikebana. Gracias a él, se sujetan los tallos a la base del recipiente y el arreglo floral puede adoptar las formas que estipulan los cánones.

kenzan para ikebana

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El precio de esta bases de pinchos es muy asequible, raramente superando los 20€. Si se tiene en cuenta que un kenzan dura para siempre, comparativamente es más barato aún.

Se compone de una base de plomo que actúa como contrapeso de las flores, a la que se ha añadido una serie de clavos al estilo de las camas de pinchos de los faquires donde pueden clavarse las bases de los tallos. Hay kenzan de diferentes tamaños y formas, la elección depende del recipiente que se vaya a usar.

El Shippo

A parte del kenzan, el otro tipo de sujeción que se utiliza y que se puede encontrar a la venta es el shippo, aunque este es más difícil de usar y no es tan común. Suele emplearse en aquellas composiciones hechas en jarrones.

abrazaderas shippo para ikebana

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Conclusiones

Aunque a primera vista, para el que desconoce el Ikebana éste pueda parecer sólo un conjunto de reglas para disponer flores sobre un recipiente, el Ikebana es mucho más que eso. Ikebana es el camino de las flores, que al igual que el del té o el del incienso es una senda de aprendizaje, que tiene tanto o más de filosofía como de estética.

Por ello, aunque se pueden realizar y disfrutar composiciones de Ikebana sin profundizar en sus conceptos y sutilezas, si se aborda la disciplina integralmente, sus efectos sobre el que lo practica son similares a los que produce la meditación, aportando serenidad y ayudando en la comprensión de sí mismo.

Espero que lo hayas disfrutado, ¡hasta otra!

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Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Cactus

    Desconocía esta faceta tuya. Maravilloso, me ha encantado.

    1. Amaya

      ¡Pues Bienvenido! y me alegro que te guste.

  2. Catequista de luz

    Me encanta este arte,la imaginación te transporta y conociendo la técnica se puede crear bellísimos diseños en contemporáneo y moderno. En un futuro cercano me gustaría disfrutar de mis propias creaciones.

    1. Amaya

      Desde luego que sí y espero que así sea.

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