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En 2010, un periodista y explorador de National Geographic, publicó un libro en el que identificaba cinco lugares en la Tierra donde parecía haberse descubierto el secreto de una vida larga y feliz por encima de los cien años. Los llamó las Zonas Azules.

Sin embargo, en ninguno de estos sitios pudieron dar una explicación para ello. En ninguno, salvo en la isla japonesa de Okinawa. Allí, sus habitantes tenían la respuesta: Ikigai.

Ikigai

Okinawa es uno de los lugares del mundo con la proporción de personas centenarias más elevada que existe, más de 50 por cada 100.000 habitantes, y si se les pregunta la razón, ellos aseguran que tener un Ikigai y vivir de acuerdo a él es lo que les proporciona sus largas y saludables vidas.

Ikigai es una palabra japonesa difícil de traducir. Los dos símbolos que la representan significan “vida” y “valer la pena”, con lo que la traducción más aproximada podría ser “la razón de vivir”, “el motivo de la vida” o como se ha dado en decir: “la razón por la que te levantas por la mañana”.

Ikigai, en realidad es un concepto con mucho arraigo en la cultura japonesa que no sólo se define como el propósito de uno en la vida, sino con el desarrollo del potencial interior y aún más. Porque el Ikigai de una persona va más allá de uno mismo, es más amplio que sus aspiraciones o deseos, tiene que ver con lo que cada uno puede aportar al resto de la humanidad, con su papel en el mundo.

Para entender mejor este concepto, se suele representar el Ikigai gráficamente como el punto donde se superponen varias cosas:

  • Lo que amamos hacer o que realmente nos gusta, entretiene o motiva.
  • Lo que mejor sabemos hacer. Aquello para lo que tenemos una habilidad especial o se nos da bien.
  • Lo que el mundo necesita de nosotros.
ikigai

Ikigai no tiene nada que ver con el dinero

En muchos sitios se añade un cuarto elemento: “por lo que te pueden pagar”, incluyendo de esta manera el dinero y el empleo en la ecuación. Pero la realidad es que esto es una invención posterior. El Ikigai nada tiene que ver con el dinero, y el trabajo no es un elemento indispensable para dar sentido a nuestras vidas.

Puede que tu Ikigai sea lo que haces para ganarte la vida, pero no siempre se trata de ello. Sencillamente se trata de encontrar una o varias actividades para las que vales y sentir placer y satisfacción haciéndolas. En palabras de los ancianos de Okinawa, “la felicidad de estar siempre ocupado”.

Sin actividad no hay propósito

Otra cosa que aprendemos de los centenarios okinawenses es que no hay que preocuparse demasiado por buscar tu Ikigai, la vida no es un problema a resolver. Ellos sencillamente se mantienen activos haciendo cosas de valor, siendo de utilidad para sus vecinos y ayudando y dando forma al mundo que les rodea, incluso mucho después de haber terminado con sus trabajos remunerados.

Sólo mantenerte activo hará que quieras vivir cien años.
– Proverbio japonés.

Porque el propósito se descubre a través de la actividad, ni antes ni después de ella.

Este concepto se refleja muy bien en la filosofía Zen y muchas de las tradiciones típicamente japonesas, como la ceremonia del té, donde el énfasis se pone en el proceso y no en el fin, en el aquí y el ahora.

Es decir, mantenerse enfocado en la actividad, prestar atención al detalle y no vivir preocupado por el futuro o reviviendo el pasado, pues cada momento es único y no volverá a repetirse.

Antes de la iluminación, cortaba leña y llevaba agua. Después de la iluminación, cortaba leña y llevaba agua.
– Aforismo Zen.

Nada es permanente, el Ikigai tampoco

Entender que cada momento es único lleva a tomar conciencia de la naturaleza efímera de la belleza y del mundo, que no tenemos control sobre el flujo del tiempo y que nada es para siempre.

karesansui

Disfrutar o crear belleza es gratis y es algo a lo que todos los seres humanos tenemos acceso, por eso el arte y la naturaleza en todas sus formas pueden ser un Ikigai que aporte felicidad y propósito a nuestra vida.

Cuando eso se interioriza, entendemos intuitivamente aquello que expresaba uno de los libros más antiguos y representativos de la mentalidad oriental, el I Ching, cuando decía: «lo único que permanece es el cambio«.

Por eso, otra de las características del Ikigai es que este suele cambiar a lo largo de la vida. A medida que crecemos y nos desarrollamos interiormente, lo normal es que aquello que da significado a nuestras vidas también cambie.

Así, las personas que viven de acuerdo a su Ikigai, no se resisten al cambio, sino que se adaptan y fluyen con él.

¿Cuál es tu Ikigai?, Ikigai para occidentales

A diferencia de la dinámica de las grandes ciudades y el ritmo de vida consumista y ajetreado que caracteriza a las sociedades occidentales, las Zonas Azules son santuarios de paz donde la gente vive vidas sencillas y apacibles.

Por eso, para muchos puede parecer difícil aplicar los conceptos y el estilo de vida de los vecinos de Okinawa, que disfrutan compartiendo ratos de conversación en una reunión de té, hacen tai-chí al amanecer y se mantienen ocupados cuidando sus bonsais o aprendiendo los detalles del ikebana.

Nada más lejos de la realidad. Las circunstancias de cada uno son diferentes, pero todos tenemos en común que buscamos un significado. Este puede ser nuestra familia, la realización de un sueño o simplemente el sentimiento espiritual de que merece la pena vivir la vida. Aprender a encontrarlo es lo único necesario.

Mantenernos siempre activos, dar rienda suelta a nuestra curiosidad y conectar con nuestra intuición son los medios para conseguirlo.

Ikigai es también el proceso de permitir que florezcan las posibilidades del yo. Algo que se puede representar como una flor de loto en la que cada una de sus hojas es uno de los motivos que componen tu Ikigai.

Reglas para cultivar el Ikigai

En uno de los libros que más ha contribuido a difundir el concepto de Ikigai a nivel mundial, “Ikigai: El secreto japonés para una vida larga y feliz de Héctor García y Francesc Miralles”, los autores, después de entrevistar a cien supercentenarios nos dan 10 pistas para ayudarnos en esta misión de autodescubrimiento:

  • Mantente activo.
  • Tómate las cosas con calma.
  • No llenes tu estómago.
No comas todo lo que puedes, no gastes todo lo que tienes, no creas todo lo que oigas, no digas todo lo que sabes.
Proverbio árabe.
  • Rodéate de buenos amigos.
  • Ponte en forma para tu próximo cumpleaños.
  • Ten siempre una sonrisa en la cara.
  • Vuelve a conectarte con la naturaleza.

Uno de los valores tradicionales del Shintoismo, la religión oriunda de Japón.

  • Da las gracias.

Quizás este es uno de los puntos más importantes. La gratitud es una decisión consciente que se practica y si la incorporamos a nuestra vida diaria sentiremos sus efectos inmediatamente

  • Vive el momento.
  • Sigue tu ikigai.

Experiencia universal y espiritual

Por último, cabe decir que lo que los japoneses llaman Ikigai es una experiencia humana universal y no consiste sólo en satisfacer deseos biológicos o las necesidades sociales. Sino que proviene de la dimensión espiritual del ser humano.

Si todavía no sabes cuál es tu Ikigai, tu misión es descubrirlo, pero sin preocuparte por ello. Yo te aconsejo que practiques la meditación para potenciar tu intuición, que actuará como brújula para dirigir tus acciones.

Crea tu propósito.

Desactiva el piloto automático.

Haz las cosas por algún motivo.

Vive tu auténtica verdad.

Abraza tu Ikigai.

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