¿Qué son los Mándalas?

Es muy posible que alguna vez te hayas sentido atraído por el efecto hipnótico que produce la contemplación de un mándala, o que te hayas ensimismado dibujando o coloreando uno. Sin saber muy bien porqué, llevamos tiempo incorporando estas figuras de origen oriental en la decoración de nuestros hogares o utilizándolas como pasatiempo.

¿Por qué son tan populares y que hay en ellos que los haga tan especiales y que nos llame tanto la atención? Conoce las repuestas a estas preguntas en la entrada de hoy y comienza a ver los mándalas con nuevos ojos.

 

 

Pero, ¿Qué es exactamente un mándala?

Estamos acostumbrados a llamar mándala a todos esos diseños abstractos, siempre diferentes, con formas circulares simétricas que incluyen figuras geométricas y representaciones de pétalos de flores de loto, estrellas, lágrimas y otros símbolos varios.

 

 

Los encontramos hasta en cuadernos infantiles para ser coloreados o también para ser bordados sobre tejidos como fundas de cojines o colchas. Se pueden adquirir como alfombras, vinilos adhesivos para adornar paredes, cabeceros de camas y trabajados paneles de madera en tres dimensiones.

Sin embargo, podría decirse, que estas figuras son más próximas a los yantras hindúes que a los mándalas budistas, que además incluyen figuras de budas y deidades.

Origen, los yantras

El origen de estos diagramas se encuentra en los yantras hindúes, figuras de diseños complejos pero concretos utilizados en prácticas avanzadas de meditación.

Sobre los yantras, los yoguis ejercitan su concentración creándolos y destruyéndolos mentalmente, y a veces materialmente, para de este modo perder la noción del yo dentro del mismo diseño como parte de su esfuerzo por alcanzar la iluminación.

Pero, sin embargo, a diferencia de los mándalas, los yantras cuando se construyen o se pintan, normalmente no se destruyen, sino que permanecen como amuletos que pueden ser empleados para preservar la salud o para garantizar protección.

 

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Ejemplo de un Yantra transformado en amuleto de protección personal.

Los mándalas budistas y su concepto

Cuando los yantras pasaron al budismo, se volvieron más figurativos, es decir, pasaron de contener formas y símbolos a incluir personificaciones de deidades, puertas, montañas, lugares y otras imágenes.

Sin embargo, en el fondo, el significado de ambos esquemas es el mismo, la representación del universo y del ser humano a través de símbolos. Una representación de toda la realidad al completo encerrada en una pequeña porción de ella, es una muestra del orden cósmico.

Todavía hoy son objeto de estudio

Te preguntarás que cómo es posible que un dibujo tan aparentemente sencillo y que cualquiera podemos, con nuestra imaginación reproducir, puede tener una significación tan profunda.

Normal, no eres el único, estos símbolos orientales, han sido objeto de estudiosos occidentales que han dedicado años y volúmenes enteros escritos a desentrañar sus secretos.

Posiblemente las investigaciones más relevantes que son la base de casi todos los estudios modernos de los mándalas, son los que hicieron el psicoanalista suizo Carl G. Jung en su obra: “El Libro rojo” y el renombrado tibetanólogo Giuseppe Tucci en “Teoría y práctica del mándala”.

Para mí, lo más interesante de estos trabajos, es la afirmación que hace Jung:

Los mándalas no han sido invención de ningún importante monje ancestral, sino que han surgido de sueños y visiones a lo largo de los milenios siendo los símbolos más antiguos de la Humanidad, quizás existentes ya en el Paleolítico.

Según Jung, son imágenes del inconsciente colectivo que se encuentran contenidas en nuestra mente y no son en absoluto invenciones artísticas.

 

Se puede dar rienda suelta a nuestro subconsciente en la creación de mándalas de muchas formas. En la imagen puedes ver algunas hechas mediante la técnica del puntillismo.

 

También fue Jung el primero en Occidente, en utilizar el dibujo de mándalas como terapia en sus pacientes, práctica que después de él, han seguido muchos otros especialistas como herramienta para ayudar al individuo a conectar con su interior y ponerlo en orden.

Como puedes ver, a la ahora de dibujar tu mándala, cualquier diseño que nazca de tu interior es válido, pues surge de tu intuición y te sirve para que durante el proceso de crearlo conectes con lo más profundo de ti mismo.

Estructura y forma del mándala tibetano

Ahora bien, en la tradición del budismo tibetano los diseños no se dejan al azar, sino que están perfectamente estipulados. La tradición dicta las formas, tamaños y colores de estos objetos, habiendo muchos mándalas diferentes, cada uno con sus propias enseñanzas, siendo el más famoso y complejo de ellos el Kalachakra.

 

kalachakra

 

Todos contienen un punto central rodeado por un círculo y diseños geométricos que albergan muchos significados, siendo uno de ellos el Samsara, el ciclo eterno de reencarnaciones sin principio ni fin.

Estos mándalas se suelen realizar con arenas de colores, que en otro tiempo eran polvo de piedras preciosas como el lapislázuli o el rubí, y se elaboran a petición de una comunidad con intención de pacificar desastres naturales, traer paz y armonía a sus habitantes, como una bendición durante un retiro de meditación, o para consagrar medicinas en el caso de un mándala del Buda de la medicina.

La construcción del mándala tibetano y su enseñanza

Para los tibetanos, la creación de un mándala es parte de un ritual tántrico en el que el maestro invita a los discípulos a penetrar en el círculo que contiene al mándala y que es imaginado como un palacio del que el dibujante, durante el proceso de creación llega a formar parte.

De hecho, se han llegado a hacer mándalas en tres dimensiones con forma de palacio por anteriores Dalais Lamas, para subyugar a espíritus malignos. Todavía se pueden admirar en el interior del Palacio de Potala, en Lhasa.

 

Mándala Kalachakra de cobre dorado en el interior del palacio Potala, en Lhasa, la antigua residencia de los Dalai Lamas

 

Realizar un mándala de estas características, es parte de una larga liturgia y el dibujo del mismo supone un esfuerzo de concentración enorme para los monjes que lo realizan, que  pueden tardar días o incluso semanas en finalizarlo.

Los practicantes y la audiencia presente se preparan e invocan a las deidades y espiritus locales para participar del rito, mediante la recitación de mantras y la ejecución del mudra del mándala.

Al final, lo más llamativo de todo, es que el mándala, una vez terminado, se destruye. Se borra por completo y las arenas con las que se ha dibujado, se reparten entre la comitiva presente o se lanzan al río para que allá donde sus aguas fluyan se participe de las bendiciones resultantes del rito. Con esto se pretende enseñar el desapego al producto del trabajo realizado.

Ejercitarse en la creación del mándala, beneficios y terapia

Como puedes ver, practicar el dibujo o coloreo de mándalas es un ejercicio de relajación avalado por expertos, y aunque en su significado más profundo hay conceptos religiosos orientales, es una técnica que fomenta tranquilidad y ayuda a la meditación.

Mediante la creación de mándalas personales, uno aprende a perseverar, a asumir las equivocaciones para empezar de nuevo y sobre todo, a disfrutar del momento, de la ejecución de nuestros proyectos sin importarnos tanto el resultado ni sufrir por su pérdida.

Decoración con mándalas, estado de ánimo

Igual que trabajar en un mándala relaja y estimula la concentración, utilizar uno ya hecho como punto focal para ejercicios meditativos o como elemento decorativo, es igualmente útil.

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La armonía de formas de un mándala, encaja a la perfección en un ambiente pensado para el recogimiento y la tranquilidad. Si quieres más pistas sobre cómo crear un ambiente así en tu casa, te recomiendo que eches un vistazo al post dedicado a los rincones de meditación.

Conclusión

No intentes entender lo que significan los mándalas. El mándala es un símbolo y como tal, no tiene que ser explicado, sólo comprendido a través de la intuición.

Es una creación artística cuya comprensión va más allá de la lógica y que tiene la propiedad de hacernos conectar con nuestro yo más profundo cuando trabajamos en él o nos concentramos en su imagen.

Nos vemos pronto, ¡hasta otra!

 

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