Tíbet místico: Shambhala y Shangri-la

¿Qué tiene la Tierra de las Nieves Eternas que tanto sigue fascinando a Occidente? ¿Por qué en pleno siglo XXI sigue envolviendo al Tíbet un halo de misterio?

En esta entrada veremos cómo las respuestas a estas preguntas tienen mucho que ver con la gran barrera geográfica que supone la cordillera de los Himalayas, las fronteras cerradas del Tíbet durante siglos o la existencia de antiguos mitos, tales como el del prohibido reino de Shambhala.

 

 

¿Cuándo se convirtió el Tíbet en un reino de fantasía?

Antes de la ocupación china, el Tíbet en su máxima extensión histórica, llegó  a ser el décimo país más grande del planeta, y sin embargo el más inaccesible de todos ellos, con la mayor cantidad de parajes aislados y desconocidos para el resto del mundo. El Himalaya, la cordillera más extensa y elevada del mundo, fue siempre un muro impenetrable desde el sur mientras que al norte, desiertos interminables y planicies heladas inhabitadas eran su frontera.

 

himalaya tibet

La cordillera del Himalaya sigue escondiendo secretos y estimulando la imaginación de los aventureros.

 

A finales del s. XIX y principios del XX, cuando las potencias coloniales europeas campaban en todo el sudeste asiático y el imperio británico gobernaba los actuales Nepal, Pakistán o India, mientras tanto, el Tíbet permanecía cerrado a los extranjeros. Desde Marco Polo, apenas un puñado de occidentales había cruzado sus fronteras y vuelto con vida.

“Un hombre blanco que entra en ese país no tiene ninguna posibilidad de volver con vida”

Henry Savage Landor – En la Tierra Prohibida (1898)

El País de los Lamas, había resistido al imperialismo y permanecía sin conquistar, como un desafío, dejando espacio libre a la imaginación sobre los secretos que podía esconder.

En esos primeros años del siglo XX con Occidente firmemente asentado en sus fronteras, las expediciones de oficiales y viajeros coloniales comenzaron, y sus relatos estimularon a otros que los siguieron: Alexandra David Neel, Joseph Rock, Heinrich Harrer, Henry Savage Landor o Nikolái Roerich por nombrar algunos de los más famosos.

Mientras tanto en América y Europa eran los tiempos de la Gran Depresión. La Primera Guerra Mundial había finalizado con millones de muertos, el nazismo se alzaba en Alemania y en Rusia se había producido la revolución bolchevique. Por tanto, era el momento adecuado para soñar con otros lugares mejores, libres de todos los males de la civilización.

La Utopía de Shangri-la

En este contexto, hubo un autor que escribió una novela mítica: “Horizontes Perdidos” (Lost Horizon), un libro que marcaría para siempre la imagen del Tíbet Místico, benévolo y moralmente superior que tiene Occidente de él.

 

tibet shangri-la

 

En su historia, Peter Hilton, narra como un heterogéneo grupo de extranjeros es salvado de morir de frío y hambre en pleno Himalaya gracias a un grupo de lamas que los conducen hasta el oculto Valle de la Luna Azul, un lugar paradisíaco donde no hace frío y el tiempo se detiene. En el corazón de este valle recóndito se encuentra el monasterio llamado Shangri-la.

Shangri-la es descrito como un lugar donde reina la paz y la armonía, gobernado sabia y benévolamente por un anciano lama con cientos de años. El enclave está habitado por monjes con poderes paranormales como la levitación o la clarividencia que pasan sus días dedicados al estudio y la meditación.

En 1937 la novela se llevó al cine, y su éxito fue abrumador. Desde entonces Shangri-la ha calado hondo en el subconsciente colectivo y muchos han llegado a pensar que existe realmente.

 

shangri-la

Aunque no sea real el Shangri-La de la novela, los chinos han renombrado así a una localidad del Tíbet más oriental, aprovechando la fama del nombre para fomentar el turismo en la zona. Y vaya si lo han conseguido, ahora bien, el lugar es una mezcla de lo más extraño entre una localidad tibetana arquetipo y un pueblo chino desbordante de negocios. Negocios, que por otra parte van encaminados a explotar el turismo chino, prueba de que la novela de Peter Hilton también hizo mella en China.

 

Ahora la pregunta es, ¿Cómo pudo un hombre que nunca estuvo en el Tíbet idear algo semejante? Muy fácil, tenía algo en lo que basarse: los relatos de algunos de los exploradores de aquellos años y lo que es más importante, la leyenda de Shambhala.

Dicen que Peter Hilton encontró inspiración en las extrañas aventuras del excéntrico botánico austríaco Joseph Rock, cuyos relatos de exploración y aventuras en las lejanas regiones de  Yunnan, el Tíbet y otros lugares remotos fueron publicados en National Geographic entre 1922 y 1935. En ellos hablaba sobre culturas desconocidas y plantas exóticas mientras sufría ataques de bandidos, era testigo de rituales misteriosos o se reunía con reyes desconocidos.

Por otro lado, el mito de Shambala debió de ser su otra gran inspiración, pues Shambhala es descrito como un reino muy muy parecido al Shangri-la de la novela.

 

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La novela de Peter Hilton se llevó a la Gran pantalla en 1937 por Frank Capra, y rápidamente se convirtió en una película de culto. La película ya no existe completa, la original tenía 132 minutos de metraje a los que se eliminaron, años después 25 minutos. En 1973, se encontró una copia completa a la que sólo le faltaban cerca de 7 minutos de imagen. Esta copia se restauró y los minutos de imagen perdidos se rellenaron con fotogramas y fotos del rodaje mientras los diálogos se siguen escuchando.

El reino prohibido de Shambhala

Es seguro que Hilton habría oído hablar de la leyenda del reino de Shambala, pues exploradores de la época se afanaron por encontrarlo, como el ruso-americano Nikolai Roerich.

 

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Nikolai Roerich fue un arqueólogo, explorador, escritor, pintor y una personalidad pública de su época. Uno de sus 30 libros: “Shambhala, en busca de una nueva era” lo escribió después de que en 1926 dirigiera una expedición norteamericana que recorrió más de 1600 kilómetros y atravesó 35 de los pasos de montaña más altos del mundo.

 

Shambhala se nombra en algunos antiguos textos hinduistas y budistas, y es posiblemente un mito mucho más antiguo aún. En estos textos, se le describe como un reino de bosques de sándalo y lagos repletos de flores de loto que se encuentra más allá de los Himalayas, al pie de una montaña de cristal.

Es un lugar místico cuyos habitantes viven en paz y armonía ajenos a la corrupción de la civilización del mundo exterior, meditando y conservando los conocimientos que un día, cuando el mundo sucumba al mal por completo tras una gran guerra, mostrarán a los hombres para guiarlos hacia la iluminación en una nueva era de paz y prosperidad.

Para muchos budistas tibetanos, Shambhala, es un lugar real, desde donde seres casi perfectos guían la evolución de la humanidad. En sus textos se guardan registros con los nombres de sus reyes y sus historias.

Por eso, durante siglos, mucho antes que los exploradores europeos, los tibetanos buscaron el Shambhala, y se dice que algunos lo encontraron y nunca volvieron llevándose el secreto consigo, por lo que sigue sin aparecer en los mapas. Habrá que hacer más caso, quizás, al Dalai Lama cuando dice que:

Shambala no es un lugar físico que podamos encontrar en la realidad. Sólo puedo decir que es una tierra pura, una tierra pura dentro del ámbito humano. Y a menos que uno tenga el mérito y la asociación kármica real, uno no puede realmente llegar allí.

El Tíbet sigue siendo Shambhala

Muchos años han pasado ya desde que se escribiese Horizontes Perdidos y la situación es bien diferente. En 1950, China ocupó el Tíbet, que pasó de ser un país hermético a un país de exiliados. Monjes tibetanos viven y enseñan ahora fuera de sus fronteras, mientras que en la provincia autónoma del Tíbet, los periodistas esquivan a la policía china.

 

Tíbet Potala

 

Sin embargo, el mito persiste, la leyenda de Shambhala y la utopía de Shangri-la han quedado por siempre asociadas a la imagen romántica  que tenemos del Tibet. Ni siquiera la dura realidad actual del Tíbet, es capaz de borrar de nuestras mentes la imagen del espiritual y romántico Shangri-la.

 

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